El matrimonio civil y la ambigüedad tradicionalista

Cuando era niño el presbítero de la parroquia modernista se desvivía diciendo que el único matrimonio que valía para la Iglesia era el celebrado en la Iglesia y que el “matrimonio civil” carecía de valor. En efecto, el “matrimonio civil” es un contrato, y así lo define el derecho moderno en casi todos los países del mundo. Un contrato entre partes iguales que puede ser disuelto.

Cuando dejé la Iglesia Romana Moderna, escuché y leí muchísimo sobre el verdadero matrimonio y la diferencia de naturaleza con el “matrimonio civil”. Aprendí la doctrina cristiana sobre el matrimonio cristiano, sus características, su esencia de sacramento o misterios. Desde entonces, rechacé el “matrimonio civil” como una mentira, como una ficción, como un insulto a los Católicos y a la Iglesia fundada por Cristo. Por eso, las leyes que el estado dicte en materia de matrimonio no tienen ningún valor para mi, porque yo soy cristiano y no reconozco al estado legislando sobre mi fe. Una cosa es someterse a las autoridades, obedecerlas y reconocerlas, pero esa sumisión tiene como límite la Ley de Dios.

Me sorprende entonces como los tradicionalistas se horrorizan por cualesquier nueva legislación en materia de “matrimonio civil” y me pregunto “A nosotros, los cristianos, qué nos importa? ¿Acaso ahora el “matrimonio civil” tiene algún valor? ¿O es que algunos tradicionalistas mentían y mienten cuando se trata de reconocer la legislación estatal en algo que escapa a sus funciones, como es un sacramento? ¿O es que acaso estos tradicionalistas nunca entendieron que el matrimonio es un sacramento? Si yo considero que el estado puede legislar válidamente sobre el matrimonio, entonces tengo que aceptar que pueda legislar sobre los demás sacramentos… y eso es un absurdo.

Lo mismo vale para las uniones dentro de la Iglesia Romana Moderna: el ritual moderno es una expresión de la fe modernista del matrimonio, no de la noción y certeza católica del mismo. Por lo tanto ¿Tenemos que considerar válidas aquellas uniones habidas y celebradas en la Iglesia Conciliar del Vaticano II? No, de ninguna manera. Hay defecto de forma, defecto de materia y defecto de intención. No hay sacramento, hay por el contrario un contrato en una falsa iglesia. Por lo tanto, el matrimonio modernista de la Iglesia Moderna apenas si puede ser considerado como una unión de infieles. ¿Duele lo que estoy afirmando? Puede ser, pero quisiera ver argumentos en contra.

¿Qué nos importa a nosotros lo que un estado infiel, dirigido por infieles, herejes y apóstatas pueda decir sobre algo que ni cree ni entiende? ¡Qué ellos hagan sus leyes para sus hermanos en el error! ¡Qué dicten sentencias para sus hermanos e hijos en la incredulidad!

Nosotros tenemos una ley superior, una ley que no puede cambiar: la Ley del Evangelio.

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No existe un cristianismo latinoamericano. Reflexiones sobre la situación en África

Hace unos días me topé con el artículo del Pastor Conrad Mbewe, de la Iglesia Bautista de Kabwata en Zambia. Me pareció un texto muy interesante y me dejó pensando muchísimo en la situación que vivimos en América Latina, dónde desde hace ya varias décadas se habla de una “Iglesia Latinoamericana” (evangélica, protestante, católica, anglicana…) que tendría unos rasgos particulares y propios, con una teología particular y propia, y por supuesto, con una liturgia que expresaría más fielmente esa fe particular.

Si bien el texto (cuya traducción he tomado del interesante blog El camino angosto) trata de la cuestión africana, creo que es perfectamente aplicable a América Latina, especialmente en la actual conyuntura que nos toca vivir como pueblo y como Iglesia.

 

 

¿Por qué no hay tal cosa como el cristianismo africano?

Cada generación enfrenta sus vientos filosóficos que soplan sobre una nación o sobre un Continente entero. Estos vientos con frecuencia comienzan en un epicentro de sufrimiento y traen una forma diferente de ver la vida. África ha tenido su buena dosis de esos vientos, y como resultado de los esfuerzos misioneros, aquí hemos tenido que lidiar con ellos. Una pregunta que combina los vientos filosóficos que soplan en África con el mundo de las misiones es: ¿Somos Cristianos Africanos o Africanos Cristianos?

¿Qué quiero decir con esto? Cuando la primera generación de líderes nativos toman el poder en las denominaciones traídas por los misioneros occidentales, hay una tendencia a sobre-reaccionar. Los líderes enfatizan su etnia tanto que al escucharlos parece que la nueva agenda en la iglesia debería ser despojarse de todo lo que huela a Occidente. Ahora debemos ser verdaderos africanos.

Aun peor sucede cuando la transferencia de la administración de la iglesia sucede en tiempos en que el país está enfrentando cambios políticos saliendo del colonialismo occidental. La única melodía que se escucha es la del banjo de una sola cuerda que insiste en que los africanos tienen su propia forma de adoración y que debemos retornar a ella. Que lo que hemos heredado es un cristianismo occidental y que tenemos que deshacernos de él. Ahí se hace popular el grito: “Somos cristianos africanos”.

 

Una Fe, una Iglesia

Tristemente, los misiólogos alrededor del mundo se rinden a veces ante esta forma de pensar. Le dan gran importancia a la etnicidad de las personas a las cuales son enviados (sea por corto o largo período). No me sorprendería si se abriera un nuevo curso en los Seminarios Bíblicos Occidentales que se llame “Cristianismo Africano – Lo que usted debe saber”. Estrictamente hablando, no hay tal cosa como Cristianismo Africano, o Cristianismo Asiático o Cristianismo Occidental. La fe cristiana es una sola y se nos expone en las Escrituras.

Una de las más grandes luchas que enfrentaron los apóstoles fue asegurarse de que los Judíos y los Gentiles pudieran adorar en la misma iglesia a pesar de ser diferentes en varias maneras. Ellos no estuvieron dispuestos a ceder ante la presión de dos culturas diferente que se establecieron en concreto. Solo hay un Evangelio,

“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos” (Efesios 4.5-6).

De manera que, tiene que haber una sola iglesia – La Iglesia Cristiana.

“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3.26-28).

¿Podríamos también añadir que, en Cristo, no hay Africanos ni Asiáticos ni Caucásicos? Todo lo que traiga divisiones en el cuerpo de Cristo debe ser combatido con base en la Escritura. Somos una Iglesia.

 

¿Existen diferencias?

No me entiendan mal. No estoy sugiriendo que no hay diferencias entre la cultura occidental y la africana. Las hay. Sin embargo, hacer que esas diferencias se conviertan en gritos de guerra en la Iglesia de Cristo es erróneo. Recordemos, había serias diferencias entre las culturas Judía y Gentil, pero no encontramos que tal cosa se estimule en la Iglesia del Nuevo Testamento.

Por el contrario, vemos a los apóstoles enseñando a la iglesia primitiva a amar y trabajar conscientemente hacia una iglesia completamente inclusiva. Una de las mayores diferencias entre Judíos y Gentiles era su dieta. Los Gentiles comían muchas clases de alimentos mientras que los Judíos tenían una restricción de consciencia proveniente del Antiguo Testamento. Los apóstoles persuadieron a los Gentiles a restringirse amorosamente en sus hábitos de comida pública por el bien de la unidad de la iglesia.

“Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.- Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” (Romanos 14.13; 15.2)

 

Tres aplicaciones

¿Cómo podemos aplicar esto a la fe cristiana hoy, especialmente con respecto a los Cristianos Africanos o Africanos Cristianos en África?

Debemos rehusar unirnos a aquellos que tienen una agenda para hacer del “Cristianismo Africano” un asunto de controversia en la iglesia. Por el contrario, debemos insistir en luchar por la pureza del Evangelio en cualquier cultura. Ese debe ser nuestro grito de batalla. No debemos temer cuestionarnos sobre la así llamada adoración que está degenerando en nada más que aplausos sin sentido y danzas y repeticiones de frases, solamente porque se le etiqueta como “adoración africana”. Enseñemos la adoración como Dios la ha enseñado en las Escrituras.
Debemos especializarnos en la predicación expositiva en las iglesias. De ese modo, encontraremos muy poco que favorezca la preferencia de una etnia sobre otra. La costumbre de predicación temática ha sido una causa de problemas y es la dieta perenne que se ha servido en muchos de nuestros púlpitos africanos con un resultado que no es nada estimulante.
Debemos animar a los predicadores visitantes de otras culturas a que expongan las Escrituras tal como lo hacen en sus iglesias. Tal vez el área principal para tener cuidado es la de las ilustraciones que usan. El Baseball y el Footbal americano son tan desconocidos en África como los camellos, los leones, los cheetas y los elefantes en América.
Pero la diferencia entre pastores americanos y africanos es muy superficial, lo cual ha sido probado por la popularidad de los sermones de Paul Washer, John Piper y John MacArthur entre tantos jóvenes a través del continente africano. Son miles de miles los que bajan estos sermones del Internet – y por lo que parece, entienden a estos predicadores bastante bien.

 

Conclusión

Dejemos las guerras culturales y étnicas al mundo. No tenemos terreno común con ellos. Sin embargo, hagamos que vean algo completamente diferente al venir a la Iglesia Cristiana. Que ellos encuentren un Evangelio que ha roto nuestras barreras, un evangelio que hace que los creyentes trabajen con amor por la mutua edificación en vez de crear otra zona de guerra en la búsqueda de reconocimiento étnico, que haya sido o no suprimido previamente.

Hermanos y hermanas, somos Cristianos que de paso, somos Africanos, no somos Africanos que de paso, somos Cristianos. ¡Entendamos el énfasis bíblico de la manera correcta!

¿Quienes fueron los Nephilim?

El siguiente texto es de Julia Blum y lo recomendamos porque se trata de un tema muy recurrente y sobre el que se está especulando demasiado, últimamente en Internet, especialmente entre grupos de origen pentecostal y fantasiosos.

 

¿Quiénes fueron los hijos de Dios?
Las palabras hebreas para “hijos de Dios” son B’ney HaElohim (בני האלוהים). “Hijos de Dios” es el nombre bíblico para los ángeles. Los “Hijos de Dios” eran un grupo de ángeles que participaron en una rebelión contra el Señor, y que vinieron a la Tierra y tomaron mujeres como esposas para tener relaciones ilícitas. Los descendientes de esta unión impía entre ángeles y mujeres humanas eran Nephilim – gigantes, ‘hombres’ de habilidad y fuerza sobrehumanas.

¿Qué quiere decir Nephilim?
El hecho de que los Nephilim fueran gigantes es, en sí mismo, una prueba de que su origen fue sobrehumano. Pero estos gigantes también fueron malvados. ¿Cómo lo sabemos? Es precisamente en este punto que el hebreo nos ayudará. La palabra Nephilim proviene de la palabra נפל, otoño; el sufijo ‘im’ simplemente agrega pluralidad, por lo tanto, fueron los “caídos”. Habiendo nacido de ángeles corruptos, caídos y satánicos, los Nephilim dominaron la Tierra y la llenaron de violencia.

La historia que no sabías
Los Nephilim eran tan importantes que en realidad están relacionados con la historia de la inundación. El diluvio no fue solo el castigo de Dios por los pecados de la humanidad, sino también la manera de Dios de preservar la “semilla de la mujer”, la raza humana y su línea de sangre, antes de que se corrompiese por completo por los gigantes Nephilim. Este es solo un ejemplo de cómo leer la Biblia en hebreo cambia tu comprensión de la historia. Inscríbase hoy mismo en nuestro curso en línea de hebreo bíblico en línea y abra los ojos a los significados ocultos.

La ley matrimonial en un Estado apóstata

Cuando era niñoo el presbítero de la parroquia modernista se desvivía diciendo que el único matrimonio que valía para la Iglesia era el celebrado en la Iglesia y que el “matrimonio civil” no ten??a ningún valor. En efecto, por definición el “matrimonio civil” es un contrato, que puede celebrarse, en Argentina y en otros países del mundo entre personas del mismo sexo.

Cuando dejé la Iglesia Conciliar, escuché y leí muchísimo sobre el verdadero matrimonio y la diferencia de naturaleza con el “matrimonio civil”. Aprendí la doctrina cristiana sobre el matrimonio cristiano, sus características, su esencia de sacramento u ordenanza de Cristo. Desde entonces, rechacé el “matrimonio civil” como una mentira, como una ficción, como un atropello del Estado entre los cristianos, como una intromisión del César en la Iglesia de Cristo. Por eso, las leyes que el Estado dicte en materia de matrimonio no tienen ningún valor para mi, porque yo soy cristiano y no reconozco al Estado legislando sobre mi fe.

Me sorprende entonces como los católicos tradicionalistas se horrorizan por la legislación en materia de “matrimonio civil” y me pregunto ¿A nosotros, los creyentes en Cristo y su Reino, qué nos importa? ¡Acaso ahora el “matrimonio civil” tiene para nosotros valor? ¿O es que algunos cristianos tradicionalistas y conservadores mentían y mienten cuando se trata de reconocer la legislación estatal en algo que escapa a sus funciones, como es un sacramento? ¿O es que acaso estos tradicionalistas nunca entendieron que el matrimonio es una ordenanza de Dios? Si yo considero que el Estado puede legislar válidamente sobre el matrimonio, entonces tengo que aceptar que pueda legislar sobre los demás sacramentos… y eso es un absurdo.

¿Qué nos importa a nosotros lo que un Estado infiel, dirigido por infieles, herejes y apóstatas pueda decir sobre algo que ni cree ni entiende? ¡Qué ellos hagan sus leyes para sus hermanos en el error! ¡Qué dicten sentencias para sus hermanos e hijos en la incredulidad!

Nosotros tenemos una ley superior, una ley que no puede cambiar: la Ley del Evangelio.

La doctrina de los apóstoles

DOCTRINA DE LOS APÓSTOLES
(Doctrina Apostolorum)

 

1. 1. Dos caminos hay en el mundo, el de la vida y el de la muerte, el de la luz y el de las tinieblas. En ellos han sido establecidos dos ángeles, el de la justicia y el de la iniquidad. Pero grande es la diferencia entre los dos caminos. 2. Así pues, el camino de la vida es éste: en primer lugar, amarás al Dios eterno que te hizo; en segundo, a tu prójimo como a ti mismo. Por otra parte, todo lo que no quieras que sea hecho contigo, tú no lo hagas a otro. 3.La explicación de estas palabras es ésta:

II. 2.No adulterarás, no matarás, no darás falso testimonio, no violarás al niño, no fornicarás, no practicarás la magia, no fabricarás perversos brebajes, no matarás al niño mediante aborto ni darás muerte al nacido, no codiciarás nada de tu prójimo. 3.No perjurarás, no hablarás mal, no recordarás las malas acciones. 4.No tendrás doblez al dar consejo, ni serás de doble lengua, pues la lengua es trampa de muerte. 5.Tu palabra no sera vana ni engañosa. 6.No serás ambicioso ni avaro ni voraz ni adulador ni pendenciero ni de malas costumbres. No admitirás plan malo contra tu prójimo. 7.No odiarás a ningún hombre, sino que los amarás más que a tu vida.

III. 1. Hijo, huye del hombre malo y del hombre falso. 2.No seas iracundo, porque la ira conduce al homicidio, ni seas deseoso de maldad, ni apasionado, pues de todo esto nace la ira. 4. No seas astrólogo ni purificador, cosas que conducen a la vana superstición; ni siquiera desees ver u oír estas cosas. 5.No seas mentiroso porque la mentira conduce al robo; ni amante del dinero ni vano, pues de todo esto nacen los robos. 6.No seas murmurador, porque conduce a la difamación. No seas temerario ni pienses mal, pues de todo esto nacen las difamaciones. 7. Por el contrario, sé manso, porque los mansos poseerán la tierra santa. 8. Sé también paciente en tu trabajo, sé bueno y temeroso de todas las palabras que oyes. 9.No te enaltecerás ni te gloriarás antes los hombres, ni infundirás soberbia a tu alma; no te unirás en espíritu con los altivos, sino que tratarás con los justos y humildes. 10.Las cosas adversas que te sucedan las recibirás como bienes, sabiendo que nada sucede sin Dios.

IV. 1. Del que te habla la palabra del Señor Dios, te acordarás día y noche. Lo respetarás como al Señor, pues donde se presenta lo relativo al Señor, allí está el Señor. 2.Así pues, busca el rostro de los santos, para que te recrees en sus palabras. 3.No causes disensiones, pon paz entre los que contienden, juzga rectamente sabiendo que tú serás juzgado. No abatirás a nadie en su desgracia. 4.No dudarás sí será o no verdadero. 5.No seas de los que extienden la mano para recibir y la encogen para dar. 6.Si, gracias a tus manos, tienes la redención de los pecados, no dudarás en dar, sabiendo quién es el remunerador de esta recompensa. 7.No te desviarás del necesitado, sino que compartirás todas las cosas con tus hermanos, y no dirás que son tuyas. Si somos copartícipes en lo inmortal, ¿cuánto más debemos iniciarlo ya desde aquí? Pues el Señor quiere dar a todos de sus dones. 9.No apartarás tu mano de los hijos, sino que desde la juventud les enseñarás el temor del Señor. 10.A tu siervo o a tu sierva, que esperan en el mismo Señor, no los mandarás con ira para que tema a ambos, al Señor y a ti, pues no vino con acepción de personas, sino a aquellos en los que encontró un espíritu humilde. 11.Vosotros, siervos, permaneced sujetos a vuestros señores como a figura de Dios, con pudor y temor. 12.Odiarás toda hipocresía y no harás lo que no agrade a Dios. 13.Así pues, guarda, hijo, lo que has oído y no le añadas cosas contrarias, ni lo disminuyas. 14.No te acerques a la oración con conciencia mala. Este es el camino de la vida.

V. 1. En cambio, el camino de la muerte es contrario a aquél. Ante todo, es malo y lleno de maldiciones: adulterios, homicidios, falsos testimonios, fornicaciones, malos deseos, actos mágicos, inicuos brebajes, robos, vanas supersticiones, rapiñas, hipocresías, repugnancias, malicia, petulancia, codicia, lenguaje impúdico, envidia, osadía, soberbia, altanería, vanidad. 2.Los que no temen a Dios, los que persiguen a los buenos, los que odian la verdad, los que aman la mentira, los que no conocen la recompensa de la verdad, los que no se aplican al bien, los que no tienen un juicio recto, los que velan no por el bien sino por el mal, 3. de los cuales está lejos la mansedumbre y cerca la soberbia, los que persiguen a los remuneradores, los que no se apiadan del pobre, los que no se afligen con el afligido, los que no conocen a su Creador, los que asesinan a sus hijos, los que abortan, los que se alejan de las buenas obras, los que oprimen al que trabaja, los que esquivan el consejo de los justos. Apártate, hijo, de todos estos.

VI. 1.Y vigila para que nadie te aparte de esta doctrina; de lo contrario, serás enseñado fuera de la disciplina. 4. Si cada día, con deliberación, haces estas cosas, estarás cerca del Dios vivo; si no lo haces, estarás lejos de la verdad. 5.Pon todas estas cosas en tu espíritu, y no te olvidarás de tu esperanza, sino que llegarás por estos santos combates a la corona. 6. Por Jesucristo, el Señor, que reina y es Señor con Dios Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.